Centro Astrológico del Uruguay
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Los Tránsitos Eclípticos de Saturno
y sus Efectos sobre la Vida y la Muerte de los Bosques.

por Horacio Campodónico.


Los bosques de Europa, desde el siglo pasado y cada 30 años, son atacados por una extraña parálisis que determina una gran mortandad de coníferas. Consultando los registros forestales, los investigadores María y Mathias Thun han llegado a la conclusión que la "muerte de los bosques" está estrechamente relacionada con las posiciones de Saturno en el cielo, cuyo ciclo orbital es también de 30 años y con el cruce de este planeta por la eclíptica. La gran pregunta, para los investigadores en astrología, es: ¿Qué efectos tienen estos tránsitos eclípticos sobre los seres humanos?


Rudolf Steiner: "Las coníferas están relacionadas con los ciclos de Saturno".

Posiblemente, uno de los grandes errores cometidos por la astrología del Siglo XX, fue el hecho de haber centrado su visión en un estudio casi obsesivo del Hombre y su mundo interior. En los siglos anteriores, todo el universo viviente -animales, plantas, clima- era también objeto de interés y de estudio por parte de los astrólogos. Hemos perdido de vista que el hombre es sólo una especie más, dentro de los millones de formas vivientes que surgen, se desarrollan y desaparecen en el cambiante panorama del mundo vegetal y animal.

Para salir de esta estrecha visión antropocéntrica, sería bueno llevar nuestra atención hacia algunos fenómenos, generalmente poco conocidos, que suceden en el reino vegetal. Y veremos como también allí, la influencia de los ciclos planetarios influyen sobre el desarrollo o la muerte, de una gran cantidad de especies vegetales.

Todo comenzó hace medio siglo, con una revolucionaria investigación, llevada a cabo por los especialistas en agricultura biodinámica Marta y Mathias Thun, quienes desde 1952 estudian la vida de diversos vegetales -cereales, hortalizas, árboles- y su relación con los movimientos y los ciclos planetarios. Este movimiento de agricultura biodinámica, surgió de las ideas del fundador de la Antroposofía, Rudolf Steiner (1881-1925), quien las desarrolló durante una serie de conferencias sobre agricultura dadas en Koberwitz, Silesia, en 1924.

Según los planteos de Steiner -un verdadero antecesor de los actuales conceptos ecológicos- existe una íntima relación que une la vida del cielo con la tierra, y que también une al hombre con las plantas que cultiva para su supervivencia. Este sistema de agrícultura biodinámica se propone, desde hace décadas, el no agredir la tierra con productos químicos y tóxicos, o no explotarla de manera tan irracional y salvaje hasta llevarla a su agotamiento total. Según agrega Marta Thun: "La vida del hombre, de los animales y de las plantas, discurre en una relación de fuerte de dependencia con respecto a los ritmos cósmicos que afectan a la Tierra".

De acuerdo a este punto de vista, el bosque no puede ser visto -como afirman los técnicos- una importante inversión económica, o un depósito de maderas en espera de ser aserrado, sino un complejo organismo natural donde conviven en estrecha interrelación las plantas, los animales, el territorio, las variables climatológicas y los ciclos planetarios. En las últimas décadas, los ecologistas han redescubierto esta compleja trama de la vida y la han rebautizado bajo el nombre de "ecosistemas".

Las grandes selvas como la Amazonia, o los grandes bosques del hemisferio norte, serían entonces gigantescos ecosistemas vivos y cambiantes que ocupan grandes espacios, a veces de cientos o miles de kilómetros cuadrados. Impulsados por un deseo de lucro, el hombre y la industria maderera ha ido arrasando, de forma irracional, estos grandes bosques que habían estado creciendo durante siglos y siglos, casi sin la intervención de la especie humana.

En algunos casos, se ha intentado reponer este saqueo mediante la reforestación de coníferas -pinos, abetos, alerces- debido a que estos árboles garantizaban una buena producción de madera debido a su rápido crecimiento. Estos árboles substitutos han sido plantados de cualquier manera, en cualquier tiempo y nadie pensó que también los ritmos cósmicos podrían incidir, de una manera decisiva, sobre el desarrollo y la calidad de estas especies vivientes que constituyen los grandes bosques.

Sin embargo, Rudolf Steiner ya en 1924 había hecho algunas observaciones realmente asombrosas en las que decía: "En las plantaciones de coníferas, donde las fuerzas de Saturno desempeñan un papel muy importante, se consiguen resultados muy diferentes si la plantación se realiza durante el llamado periodo creciente del planeta, que si se realiza durante cualquier otro periodo".


Cada 30 años, los bosques mueren atacados por una extraña parálisis.

En la década de los años 50, un ingeniero forestal llamado Kurt Wilmann, retomó la curiosa hipótesis de Steiner y decidió confrontarla con los datos tomados de la realidad. Viviendo en Alemania, comenzó a estudiar las meticulosas anotaciones realizadas a lo largo de 150 años en la zona boscosa de Hessen. Según estos registros, observó que los bosques que habían sido plantados bajo influencias cósmicas favorables, habían crecido dotados de una estructura sana y fuerte. Por el contrario, otras plantaciones realizadas bajo ritmos planetarios que se consideran desfavorables, ya habían sido destruidas por las polillas u otras plagas.

Actualmente en Europa, los medios de prensa hablan profusamente de ese inquietante problema llamado "La Muerte de los Bosques" y que estaría relacionado con el deterioro ecológico sufrido por un medio ambiente, con la contaminado industrial o urbana y el fenómeno de la lluvia ácida. Pero Kurt Wilmann observó dos hechos notables relacionados con la muerte de los bosques: el primero, es que durante determinados años, los árboles morían atacados por un extraño fenómeno producido por la parálisis de sus funciones vitales. Y el segundo, era que esta mortandad se producía en oleadas, que estaban separadas entre si, por períodos cercanos a los 30 años.

Esta parálisis que sufrían las coníferas, parecía afectar a los grandes árboles de dos maneras. En unos casos, si la parálisis se producía cuando los vasos del árbol estaban abiertos, estos continuaban abiertos y en poco tiempo el árbol perdía su savia por evaporación. Rápidamente esta savia se transformaba en azúcares, que atraían a una plaga de pulgones y otros insectos, destruyendo los árboles en poco tiempo y donde la ayuda resultaba inútil, ya que no era posible revertir el proceso desencadenado.

En el segundo caso, la parálisis sobrevenía cuando los vasos capilares del árbol estaban cerrados y entonces ya no volvían a abrirse jamás. En este caso, el árbol no podía transpirar la savia ascendente y terminaba por ahogarse en ella. Si se cortaban los árboles en ese instante, podía verse que la parte inferior de los troncos estaba aún llena de savia. En estos casos, la muerte sobrevenía porque la parte baja de los árboles era atacada por los hongos y luchar contra ellos también resultaba poco efectivo, porque el árbol ya estaba muriendo.

Si bien los pulgones, los insectos o los hongos eran los causantes de la parálisis y la muerte de las coníferas, también era necesario reconocer que estos factores estaban siempre presentes en el medio ambiente ¿porqué entonces aquellas misteriosas muertes masivas, ocurrían en los bosques siguiendo un ciclo constante de 30 años?


El pasaje de Saturno por la Eclíptica, paraliza, destruye o inhibe la vida vegetal.

Según los archivos forestales alemanes, la primera gran mortandad ocurrió en la zona de Schleisen en el año 1860. Luego, hacia 1890, los abetos vuelven a morir en una zona ubicada unos 150 kilómetros al oeste. Durante 1920, la enfermedad ataca de nuevo en Sajonia y en Vogtland. Y, finalmente, en 1950, en las montañas Reisengebirg y Erzgebirge, se vuelve a presentar esta plaga mortal que aniquila por completo amplias zonas de bosques. Pero durante el año 1950, se observa por primera vez una nueva consecuencia de estas ondas mortales: en los valles adyacentes a la catástrofe, ya tampoco crecen los cereales, las papas ni las hortalizas.

Durante los años 1975-76, se inicia un gran avance de esta enfermedad en los bosques de Baviera, que más tarde se fue extendiendo por las montañas hacia el norte de Alemania. Al acercarse el año 1980, la destrucción de los bosques se expandió por toda Europa y ya no se detuvo en los años siguientes, como era habitual que sucediera. Esto se explica en gran parte, porque los países europeos habían contaminado y deteriorado de tal forma el ecosistema, que los árboles ya no disponían de las fuerzas vitales necesarias para autorregenerarse.

Mientras tanto, María y Mathias Thun observaron que las oleadas de muerte de los bosques cada 29-30 años, coincidían exactamente con el tiempo en que Saturno recorre su órbita: unos 29 años y medio. O, para ser exactos: 29.458 años. Recordemos en este momento, que en Astrología, el planeta Saturno está relacionado con aquellas fuerzas que obstaculizan, paralizan, obstruyen o inhiben nuestra fuerza vital. Y desde el punto de vista de la Astrología Médica, Saturno está siempre asociado con, los procesos de baja vitalidad, de empobrecimiento de nuestras funciones orgánicas, con la parálisis y con la muerte cuando éste sobreviene a causa de la debilidad general de los organismos. ¿Tendría Saturno sobre los bosques, los mismos efectos que se observaban desde hace siglos sobre los seres humanos?

Rudolf Steiner ya había advertido sobre la peligrosidad, para toda la vida vegetal, de los pasajes descendentes de Saturno a través de la eclíptica. Generalmente, este pasaje se efectúa sobre los últimos grados del Signo de Virgo y los primeros grados del Signo de Libra y esto viene ocurriendo en ciclos de 29 ó 30 años, por ejemplo en 1921-22, en 1950-51 y en 1980-81. Este pasaje poderoso y mortal, esta onda desvitalizadora y paralizante, coincide, casi exactamente, con las oleadas de muerte de los bosques que según los registros forestales se produjeron en: 1860-61, 1890-91, 1920-21, 1950-51 y 1980-81.

En numerosas investigaciones agronómicas -cuentan los Thun- se ha comprobado el efecto negativo que tienen sobre la vida vegetal, el cruce -no ya de Saturno- sino de todos los planetas sobre el plano de la eclíptica. Este fenómeno se refleja en problemas de crecimiento y desarrollo de los vegetales, que incluso es transmitido a las generaciones siguientes a través de las semillas debilitadas que surgen en los períodos adversos al desarrollo de la vida.

Sus estudios los llevaron a otra conclusión: los años en que los anillos de Saturno -observados desde la Tierra- aparecen de perfil casi hasta hacerse invisibles, coinciden indefectiblemente con una gran mortandad de las coníferas. ¿Por qué las coníferas y no con otras especies? Por el momento no hay una respuesta clara, pero recordemos que tradicionalmente -según los estudios de Culpeper y Paracelso- las coníferas en Astrología son árboles que se supone regidos, o están estrechamente asociados, con la naturaleza y la actividad de Saturno.

Mientras estas investigaciones continúan, y se toman medidas en previsión del próximo pasaje descendente de Saturno por la eclíptica, calculado para el año 2009-10, pocas dudas quedan ya a la mayoría de los agrónomos de la existencia de una compleja y muy estrecha trama que une a los ciclos celestes, con la evolución de la vida vegetal sobre la tierra.

Una trama que también a nosotros, como investigadores astrológicos, nos resulta imprescindible conocer en profundidad para trazar ese mapa casi desconocido que une los movimientos y ciclos planetarios, con los vaivenes de la vida vegetal sobre la Tierra.

Hoy se nos hace imperioso, comenzar un estudio más profundo sobre los efectos de estos tránsitos sobre la eclíptica, que afectan a todas las formas vivientes y de los cuales casi no tenemos información cierta. Este estudio podría enriquecer nuestros tradicionales conceptos sobre los tránsitos y, más allá de lo que dicen los clásicos manuales, observar como las diferentes fuerzas actúan sobre los diferentes planos de existencia, en la que están inmersos todos los seres vivos.

Quizás la gran pregunta, para quienes trabajan en astrología, es: ¿Qué efectos tienen estos tránsitos eclípticos, sobre otros organismos y sobre los seres humanos? ¿Acaso afectan solamente a los bosques, o su influencia se extiende hacia otros seres? Esta es una de las investigaciones postergadas, que aun esperan por los astrólogos del Siglo XXI.