Centro Astrológico del Uruguay
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"Sobre el Sol, los Genios y el Destino"

Por Asclepios (siglo II d.c.)

En los libros atribuídos a "Hermes Trismegisto", (escritos durante el siglo II d.c.) se encuentra este discurso que Asclepios da a su rey, explicando como actúan los "genios" ( o "Genius") de los planetas sobre todas las cosas y sobre el destino de los hombres.

El concepto de "Genio" en los romanos, es similar al que los griegos llamaban "Daimon", y que según lo explica Platón, serían seres o entidades espirituales, que situados en un plano superior de perfección, ejercen una función de protección sobre el mundo de los hombres.

Dentro de este concepto, cada planeta considerado como un ser viviente, tendría su propio "Genio" o "Daimon" el cual se manifestaría (de acuerdo a su posicón en el cielo), en forma positiva o negativa durante el nacimiento de cada persona dando lugar a su destino particular.


"El Sol conserva y alimenta a todos los seres; y al igual que el mundo ideal, que envuelve al mundo sensible, se encuentran en Él la plenitud y la universal variedad de las formas: así el Sol, al envolver todo con su Luz, realiza por doquier el nacimiento y desarrollo de los seres, y los recoge cuando caen fatigados de su curso.

"Bajo sus órdenes se encuentran el coro de los genios, o mejor dicho los coros, pues son muchos y diferentes, y su número corresponde al de los astros. Cada astro tiene sus genios, buenos y malos según su naturaleza, es decir su acción, pues la acción es la esencia de los genios. En algunos hay tanto bueno como malo.

"Todos estos genios están encargados de los asuntos de la tierra; ellos actúan y alteran la condición de los Estados y los individuos, dan forma a nuestras almas a semejanza suya, se meten en nuestros nervios, en nuestra médula, en nuestras venas, en nuestras arterias e incluso en nuestro cerebro, y hasta el fondo de nuestras vísceras.

"En el momento en que cada uno de nosotros recibe la vida y alma, es cogido por los genios que presiden los nacimientos, y que se encuentran situados en los astros. A cada instante cambian, no son siempre los mismos, giran en círculo. Ellos penetran a través del cuerpo en las dos partes del alma, para moldearla cada uno según su energía.

"Pero la parte razonable del alma no se encuentra sometida a los genios, sino que se encuentra dispuesta para recibir a Dios, que la ilumina con un rayo de Sol. Los iluminados así son poco numerosos, y los genios se abstienen de ellos; pues ni los genios ni los dioses poseen poder alguno contra un solo rayo de Dios.

"Todos los otros, almas y cuerpos, están dirigidos por los genios, se apegan a ellos y aman sus obras; pero la razón no es como el deseo que engaña y pierde. Los genios tienen pues la dirección de los asuntos terrestres, y nuestros cuerpos les sirven de instrumentos. A ésta dirección, Hermes la llama el Destino."